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Para la mayoría de los
cubanos, "estar juntos" es sinónimo de estar en familia; esta tiende a ser
apegada, cálida y solidaria;
ruidosa a la hora de expresar cualquier emoción (especialmente el amor) y,
como los propios padres admiten, esta es una familia sobreprotectora.
Los hijos adultos, mayormente las mujeres, suelen vivir en el hogar
paterno hasta que se casan. Para muchos miembros de la nueva
generación, convivir con una pareja fuera del matrimonio es algo
totalmente normal, pero aún así, ellos prefieren casarse. Como dice
Sonia Ramos, de 18 años, "Yo jamás le haría
eso a mis padres. Ellos sueñan con verme vestido de blanco."
Los que deciden vivir fuera de casa,
muchas veces descubren que quizás están lejos de la familia fisicamente,
pero nunca emocional o espiritualmente. Los que quieren estudiar en
universidades de otros estados, por ejemplo, son constantemente inundados
con llamadas telefónicas y paquetes, que contienen desde comidas hechas en
casa, hasta fotos y videos de eventos y reuniones familiares.
Los queridos abuelos son el centro
espiritual de la familia. La idea de dejar a un padre viejo o
enfermo en un asilio para ancianos, va totalmente en contra de las
costumbres cubanas, por lo que los abuelos usualmente viven con sus hijos
adultos, y cuiden a los nietos mientras los padres trabajan. Esto
quiere decir que en una casa donde los dos esposos trabajan, es el abuelo
quien enseña al niño montar bicicleta, y es la abuela quien cocina y
arrulla a los niños para dormirlos con viejas canciones de cuna: "Arroró
mi niño, arroró mi amor, duérmete pedazo de mi corazón.
Al transmitirles a sus nietos sus
costumbres y sus tradiciones, son ellos, más que los padres, quienes le
dan el calor al hogar y moldean el mundo espiritual de los jóvenes.
"Hasta que dejé mi casa para casarme cuando tenía
23 años, mi abuela me daba la
bendición todas las noches antes de dormir.
Recuerdo que me decía: `Que sueñes con
los angelitos`, igual que cuando yo tenía cinco años", dice Adriana
Franco. Después de la muerte de su abuela, en 1998, Adriana siente
una profunda emoción cada vez que ve a una típica abuela cubana. "Ahora yo les digo a mis hijos `Que Que sueñen con los
angelitos`, y no me importa si les parece algo pasado de moda. Sé
que un día aprenderán a valorarlo.
Y es una forma de mantener a mi abuela en mi vida".
Esta necesidad de estar unidos se extiende hasta el
momento del adiós final. En la tradición del velorio cubano, los
familiares del difunto permanecen junto al ataúd toda la noche y hasta el
momento del entierro, que generalmente toma lugar a la mañana siguiente.
La costumbre anglosajona de cerrar la funeraria a la medianoche choca con
esta tradición, y por respeto a sus compatriotas, las funerarias cubanas
permanecen abiertas toda la noche. En estos momentos, el calor de la
familia es un bálsamo para el dolor. |