Pilar Puente
Cuando salí de Cuba tenía
sólo dos años, pero recuerdo todo lo que pasó desde que era una cría,
cada una de las conversaciones, palabra por palabra. Estaba sentada en
la falda de mi abuela jugando con sus pendientes de perlas, cuando mi
madre le dijo que nos iríamos de la isla. Abuela Celia la acusó de
haber traicionado la revolución. Mamá trató de separarme de la abuela,
pero yo me agarré a ella y grité a todo pulmón. Mi abuelo vino
corriendo y dijo: « Celia,
deja que la niña se vaya. Debe estar con Lourdes. » Esa fue la última
vez que la vi.
Mi
madre dice que Abuela Celia ha tenido un montón de oportunidades de
salir de Cuba, pero que es terca y que El Lider le ha sorbido el seso.
Mamá dice « comunistas » de la misma manera que alguna
gente dice « cancer » , lenta y rabiosamente. Lee
los periódicos página por página intentando detectar las
conspiraciones de la izquierda, hinca su dedo sobre la posible evidencia,
y dice « ¿Ves lo que te digo? ». El año pasado, cuando El
Lider encarceló a un famoso poeta cubano, ella, tratando de salvarle,
se burló con desprecio de « esos izquierdosos intelectuales hipócritas ».
« Crearon esas prisiones para que ellos se pudrieran en ellas —gritaba,
sin que sus palabras tuvieran demasiado sentido—. ¡¡Son
subversivos peligrosos, rojos hasta el tuétano!! »
Blanco
o negro, así es la visión de Mamá.
Es su forma de sobrevivir.
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