Nicolás Guillén

 


 
 
Sudor y látigo  
   
     Látigo,
sudor y látigo.
     El sol despertó temperano,
y encontró al negro descalzo.
Desnudo el cuerpo llagado,
sobre el campo.
 
     Látigo,
sudor y látigo.  
     El viento pasó gritando,  
---¡Qué flor negra en cada mano!
La sangre le dijo:  ¡vamos!
El dijo a la sangre:  ¡vamos!
Partió en su sangre, descalzo.
El cañaveral, temblando,
le abrió paso.
 
     Después, el cielo callado,
y bajo el cielo, el esclavo  
tinto en la sangre del amo.  
 
      Látigo,
sudor y látigo,
tinto en la sangre del amo;
látigo,
sudor y látigo,
tinto en la sangre del amo,
tinto en la sangre del amo.
   
                       de El son entero, 1947

 

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