Muerte de doña Petrona Chona

de
Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia
 
 
 "Inhumanos serán sus soldados, crueles sus mastines bravos." del Chilam Balam
Y hay algo que no dije anteriormente y que creo oportuno decir, cuando hablaba de los terratenientes en mi región, los García y los Martínez.  Vi un caso que ahora me recuerdo, pues me vienen también los recuerdos de la vida de otras personas.  El año 1975, los García, que tienen una plaza cerca de mi tierra, trataban que todos los indígenas vendieran su maíz, su fríjol allí para comprarlo barato y ellos stransportarlo a otros lugares donde cobraban más caro.  En esa finca también estuve trabajando muchas veces en mi niñez ya que quedaba muy cerca de la casa.  Me tocaba cortar café.  Allí se daba más el café.  Los bananos eran la sombra del café.  Entonces, el terrateniente este, no dejaba que nosotros cortáramos los bananos por ser la sombra del café.  Se pudrían los bananos en el tallo y todos nosotros teníamos hambre y no podíamos comer el banano.  Y tenía una amiga que se llamaba Petrona Chona: esa amiga tenía dos niños.  El niño tendría sus dos años y la niña tendría sus tres años.  Tenía marido.  Petrona eran entonces muy jovencita y su marido también.  Trabajaban los dos en la finca de los García.  Llegó un momento en que el hijo del terrateniente, Carlos García se llama el hijo, empezó a cantinear a la señora.  Lo odio en lo más hondo de mi ser.  Entonces le decía a la señora que si quería ser amante de él.  Ella era indígena.  Dice ella: "¿Cómo es posible, pues?  Yo soy una mujer casada."  Entonces, él siguió con tantas amenazas hacia la señora . . .  Le decía que la quería, que la quería y que la amaba y todo.  Todos los días llegaba al trabajo el hijo del terrateniente y como no tenía qué hacer, se dedicaba a eso.  Un día viernes la señora no fue a trabajar porque estaba enfermo su niñito, que quedó en casa.  Vivían en la finca.  Pagaban renta y trabajaban de mozos y no ganaban.  Lo que ganaban era la renta del terreno y para la casita que tenían.  La señora me decía que se desesperaba mucho porque nada comían y trabajaban todo el tiempo.  Un día viernes se quedó en casa y el hijo del terrateniente llegó a la casa de ella.  Fue a buscarla al trabajo y como no la encontró, fue a la casa, al ranchito; y allí le empezó a decir que si quería ser amanate de ella y que si dejaba hacer uso de ella al hijo del terrateniente.  Ella estaba muy preocupada por su niño y dijo que no y que no.  Estuvieron discutiendo mucho y desgraciadamente estábamos trabajando un poco lejos.  Había mozos cerca de la casa pero estaban trabajando.  Por fin ella no quiso dejarse y se fue el hijo del terrateniente.  Lo que hizo el asesino Carlos García, fue mandar al guardaespaldas de su papá a asesinar a la señora en casa.  Pero él dijo al guardaespaldas que no la tenía que matar con armas de fuego sino que la tenía que matar a puros machetazos.  Claro, el guardaespaldas lo hacía también por obedecer y se vino a la casa de la señora y empezó a machetearla de sorpresa.  Es el primer cadáver que vi en la vida y por eso decía, me tocará narrar muchos cadáveres que he recogido pero fue el primero que recogí.  Y, macheteó a la señora, le quitó un dedo al niño, pues la señora llevaba a su niño en la espalda y el otro salió corriendo de la casa del susto.  Le quitó al niño de la espalda, lo puso por un lado y macheteó a la señora de modo que la partió si no me equivoco, en veinticinco pedazos.  En pedacitos se quedó la señora.  No se me olvida porque, antes, en la mañana, la señora habló conmigo.  Me decía que iban a abandonar la finca, y sin embargo, no le dio tiempo.  La señora gritó pero nadie de los mozos se acercó porque vieron que  primero llegó el hijo del terrateniente y después llegó el guardaespaldas.  Entonces, ¿quién de los mozos se metía?  De plano que iba a ser también asesinado o despojado del trabajo.  Entonces, la dejaron en pedazos a la señora.  El día viernes en la tarde fui a ver el cadáver de la señora, tirado en el suelo.  Por un lado estraban todas sus partes.  Y no creía que era Petrona la que estaba allí tirada.  Se quedó allí.  Nadie se animaba a levantarla.  Ni la comunidad.  Llegó mucha gente.  Y como trabajaban allí diferentes gentes, venían de diferentes lugares, nadie se acercaba del cadáver de la señora.  Mi papá llegó y lloró de ver la señora.  Decía, tan buena gente que era doña Petrona.  Nadie lo creía.  El niño se recogió y le amarramos su dedito de modo que no saliera tanta sangre.  No sabíamos qué hacer.  Se quedó allí en la noche, la mañana del sábado.  Entre la noche del sábado y el domingo.  Nadie podía recogerla.  Mi papá dijo, bueno, sí, nos toca recoger a la señora.  Ya ella hedía mucho.  Lejos de la casa iba el olor de la señora.  Mi papá decía, sí, nos toca recogerla, lo tenemos que hacer.  Y como en la ley de Guatemala, no hay que recoger un cadáver mientras no llegan las auatgoridades, nosotros inmediatamente avisamos a las autoridades.  Pero como las autoridades viven en el pueblo y no vendrían hasta que se desocuparan, entonces no llegaron sino el lunes.  Y el domingo el cadáver tenía ya moscas y todo eso.  Y es un lugar muy calientge y el olor y todo eso.  Entonces mi papá decía, bueno, aunque nos consideren los culpables del crimen, nos toca recoger al cadáver.  En canastas recogimos a doña petrona y su sangre estaba bien cuajada en el suelo.  Sus manos, su cabeza, todo, todo partido.  Lo recogimos en canastas, lo metimos en una caja, lo entgerramos el día domingo.  Las gentes, muchos se acercaron después, y muchos ni se acercaron, pues era un crimen y nadie quería comprometerse, porque era también acusado por las autoridades.  Sabíamos que el terrateniente podía hacer muchas cosas.  El lunes llegó el alcalde.  Y era por primera vez que yo me sentía, no sé cómo decirlo, como una inválida.  No podía hacer nada.  Inmediatamente antes de que llegue el alcalde, el terrateniente habló con el alcalde y se reían.  Y, como no entendíamos lo que decían, no pidieron declaración de cómo fue, cuándo fue, a qué hora fue.  Nada.  Llegó el alcalde como que si no fuera nada.  Y se regresó tranquilamente.  Y para conformar, para que el pueblo no dijera nada, se llevaron al guardaespaldas quince días a la cárcel.  A los quince días regresó a su trabajo.  Cada vez que me acuerdo se me presenta la misma sensación.  La primera vez que me tocó recoger un cadáver.  Todo despedazado.  Quizá durante unos seis años, soñé con doña Petrona.  No había ninguna noche que no me quedara con la sensación de soñar con doña Petrona.  Mucho tiempo no pude dormir por pensar en ella.

 

Preguntas:

1.  ¿Por qué no se podía comer los bananos?
2.  Describe a la amiga de Rigoberta, doña Petrona.
3.  ¿Qu
é  quería el hijo del terrateniente, Carlos García?
4.  ¿Qu
é ordenó Carlos Garcíay por qué?
5.  ¿Por qué nadie ayudó y luego nadie quería enterrar a la señora?
6.  ¿Qu
é hizo el alcalde?
7.  ¿Cuál fue el castigo del guaraespaldas?
8. 
¿Por qué no pudo dormir Rigoberta?
 
 
 
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