La familia
   
"Siempre hemos vivido aquí: es justo que continuemos viviendo donde nos place y donde queremos morir.  Sólo aquí podemos resucitar; en otras partes jamás volveríamos a encontrarnos completos y nuestro dolor sería eterno."
                                     Popol Vuh
 

 

de Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia
 

 
Me llamo Rigoberta Menchú.  Tengo veintitrés años.  Quisiera dar este testimonio vivo que no he aprendido en un libro y que tampoco he aprendido sola ya que todo esto lo he aprendido con mi pueblo y es algo que yo quisiera enfocar.  Me cuesta mucho recordarme toda una vida que he vivido, pues muchas veces hay tiempos muy negros y hay tiempos que, sí, se goza también pero lo importante es, you creo, que quiero hacer un enfoque que no soy la única, pues ha vivido mucha gente y es la vida de todos.  Mi situación personal engloba toda la realidad de un pueblo.
     En primer lugar, a mí me cuesta mucho todavía hablar castellano ya que no tuve colegio, no tuve escuela.  No tuve oportunidad de salir de mi mundo, dedicarme a mí misma y hace tres años que empecé a aprender el español y a hablarlo; es difícil cuando se aprende úunicamente de memoria y no aprendiendo en un libro.  Entonces, sí, me cuesta un poco.  Quisiera narrar desde cuando yo era niña o incluso desde cuando estaba en el seno de mi madre, pues, mi madre me contaba como nací porque nuestras costumbres nos dicen que el niño, desde el primer día del embarazo de la mamá ya es un niño.
     En primer lugar, en Guatemala existen veintidós etnias indígenas, y consideramos que una de las etnias también son los compañeros ladinos, como les llaman, o sea, los mestizos; serían veintitrés lenguas también.  Yo pertenezco a una de las etnias que es la etnia Quiché, tengo mis costumbres, costumbres indígenas quichés, pero sin embargo he vivido muy cerca de casi la mayor parte de las otras etnias debido a mi trabajo organizativo con mi pueblo.  Soy de San Miguel Uspantán, Departamento El Quiché.  El Quiché se ubica en el Noroccidente del país.  Vivo en el Norte del Quiché, o sea cerca de Chajul.  Pueblos que tienen largas historias de lucha.  Camino seis leguas, o sea veinticinco kilómetros a pie para llegar a mi casa, desde el peublo de Uspantán.  La aldea, es la aldea Chimel, donde yo nací.  Precisamente mi tierra es casi un paraíso de todo lo lindo que es la naturaleza en esos lugares ya que no hay carreteras, no hay vehículos.  Sólo entran personas.  Para transportar las cargas son los caballos o nosotros mismos; para bajar al pueblo de las montañas.  Yo vivo en medio de muchas montañas.  En primer lugar, mis padres se ubicaron desde el año 1960, ahí, y ellos cultivaron la tierra.  Era montañoso donde no había llegado ninguna persona.  Ellos, con toda la seguridad de que allí iban a vivir, y aunque les costara mucho, pero allí se quedaron.  En ese lugar se daba mucho el mimbre.  Entonces mis padres se habían ido allá a buscar mimbre pero allí les gustó y empezaron a bajar las montañas para quedarse allá.  Y, un año después querían quedarse allá pero no tenían recursos.  Fueron deslojados del pueblo, de su pequeña casita.  Entonces vieron la gran necesidad de irse hasta la montaña y allí se quedaron.  Puedo decir que ahora es una aldea de cinco o seis caballerías cultivadas por los campesinos.
     Fueron deslojados del pueblo ya que allí cayó una serie de gentes, de ladinos y allí se hicieron su casa en el pueblo.  No exactamente los desalojaron así, echándolos sino que, poco a poco, los gastos se apoderaron de la casita de ellos.  Llegó un momento en que tenían bastantes deudas con toda esa gente.  Todo lo que ganaban se gastaba y la casa tuvieron que dejarla, se quedó como pagándoles la deuda que tenían.  Como los ricos siempre acostumbran, cuando la gente tiene deudas con ellos de quitar un poco de tierra, un poquito de las cosas y así es cuando van apoderándose de todo.  Así pasó con mis papás.
     Lo que pasó es que mi padre era huérfano y mi abuelita tuvo que regalar a mi padre en una casa de unos ricos para poder comer y así es como él creció y tuvo también una etapa muy dura en la vida hasta llegar a ser un hombre grande.
     Mi padre nació en Santa Rosa Chucuyub, es una aldea del Quiché.  Pero cuando se murió su padre tenían un poco de milpa y ese poco de milpa se acabó y mi abuela se quedó con tres hijos y esos tres hijos los llevó a Uspantán que es donde yo crecí ahora.  Estuvieron con un señor que era el único rico del pueblo, de los Uspantanos y mi abuelita se quedó de sirvienta del señor, haciendo pequeños trabajos, como ir a acarrear leña, acarrear agua y todo eso.  Después, a medida que fueron creciendo, el señor decía que no podía dar comida a los hijos de mi abuelita ya que mi abuelita no trabajaba lo suficiente como para ganarles la comida de sus tres hijos.  Mi abuelita buscó otro señor donde regalar a uno de sus hijos.  Y el primer hijo era mi padre que tuvo que regalarle a otro señor.  Ahí fue donde mi papá creció.  Ya hacía grandes trabajos, pues hacía su leña, trabajaba ya en el campo.  Pero no ganaba nada pues por ser regalado no le pagaban nada.  Vivió con gentes . . . así . . . blancos, gentes ladinas.  Pero nunca aprendió el castellano ya que lo tenían aislado en un lugar donde nadie le hablaba y que sólo estaba para hacer mandatos y para trabajar.  Entonces, él aprendió muy poco el castellano, a pesar de los nueve años que estuvo con un rico.  Casi no lo aprendió por ser muy aislado de la familia del rico.  Estaba muy rechazado de parte de ellos e incluso no tenía ropa y estaba muy sucio, entonces les daba asco de verle.  Hasta cuando mi padre tenía ya los catorce años, así es cuando él empezó a buscar qué hacer.  Y sus hermanos también ya eran grandes pero no ganaban nada.  Mi abuela apenas ganaba la comida para los dos hermanos, entonces, era una condición bastante difícil.  Así fue también como mi papá empezó a trabajar en las costas, en las fincas.  Y ya era un hombre, y empezó  a ganar dinero para mi abuelita.  Y así es cuando pudo sacar a mi abuelita de la casa del rico, ya que casi era una amante del mismo señor donde estaba, pues, las puras necesidades hacían que mi abuelita tenía que vivir allí y que no había como salir a otro lado.  El tenía su esposa, claro, pero, además de eso, por las condiciones, ella aguantaba o si no, se iba porque no había tanta necesidad de parte del rico ya que había más gentes que querían entrar ahí.  Entonces por las puras necesidades mi abuela tenía que cumplir todas las órdenes.  Ya salieron mi abuela con sus hijos y ya se juntó con el hijo mayor en las fincas y así es cuando empezaron a trabajar.
     En las fincas en donde crecieron mis padres, crecimos nosotros.  Son todas las fincas ubicadas en la costa sur del país, o sea, parte de Escuintla, Suchitepequez, Retalhuleu, Santa Rosa, Jutiapa, todas las fincas ubicadas en la parte sur del país, donde se cultiva, más que todo, el café, algodón, cárdamomo o caña de azúcar.  Entonces, el trabajo de los hombres era en el corte de caña, donde ganaban un poco mejor.  Pero, ante las necesidades, había épocas del tiempo que todos, hombres y mujeres, entraban cortando caña de azúcar.  Y claro de un principio tuvieron duras experiencias.  Mi padre contaba que únicamente se alimentaban de yerbas del campo, pues, que ni maíz tenían para comer.  Pero, a medida que fueron haciendo grandes esfuerzos, lograron tener en el altiplano, una casita.  Es un lugar que tuvieron que cultivarlo por primera vez.  Y, mi padre a los dieciocho años era el brazo derecho de mi abuelita porque había tanta necesidad.  Y era mucho el trabajo de mi padre para poder sostener a mi abuelita y a sus hermanos . . . Desgraciadamente desde ese tiempo habían ya agarradas para el cuartel; se llevan a mi padre al cuartel y se queda nuevamente mi abuela con sus dos hijos.  Y, se fue mi padre al servicio.  Allá es donde aprendió muchas cosas malas y también aprendió a ser un hombre ya completo, porque dice que al llegar al servicio le tratraban como cualquier objeto y le enseñaban a puros golpes, aprendió más que todo el entrenamiento militar.  Era una vida muy difícil, muy dura para él.  Estuvo haciendo un año el servicio.  Después, cuando regresa, encuentra a mi abuelita en plena agonía que había regresado de la finca.  Le dio fiebre.  Es la enfermedad más común después de la ida a las costas, donde hay mucho calor y después el altiplano, donde hay mucho frío, pues ese cambio es bastanate bruso para la gente.  Mi abuela ya no tuvo remedio y tampoco había dinero para curarla y se tuvo que morir mi abuelita.  Entonces quedan los tres huérfanos que es mi padre y sus dos hermanos.  Aún ya eran grandes.  Se tuvieron que dividir ellos ya que no tenían un tío ni tenían nada con quien apoyarse y todo.  Se fueron a las costas, por diferentes lados.  Así es cuando mi padre encontró un trabajito en un convento parroquial y donde también casi no ganaba pues, en ese tiempo se ganaba al día treinta centavos, cuarenta centavos, para los trabajadores tanto en la finca como en otros lados.
     Dice me padre que tenían una casita hecha de paja, humilde.  Pero, ¿qué iban a comer en la casa ya que no tenían mamá y que no tenían nada?
     Entonces, se dispersaron.
     Así es cuando mi padre encontró a mi mamá y se casaron.  Y enfrentaron muy duras situaciones.  Se encontraron en el altiplano, ya que mi mamá también era de una familia muy pobre.  Sus papás también son muy pobres y también viajaban por diferentes lugares.  Casi nunca estaban estables en la casa, en el altiplano.
     Así fue como se fueron a la montaña.
     No había pueblo.  No había nadie.
     Fueron a fundar una aldea en ese lugar.  Es larga la historia de mi aldea y es muy dolorosa muchas veces.
     Las tierras eran nacionales, o sea, eran del gobierno y que para entrar en las tierras había que pedirle permiso.  Después de pedirle permiso, había que pagar una multa para bajar las montañas y luego sus casas.  Entonces, a través de todos esos esfuerzos en la finca pudieron dar la multa que tuvieron que pagar y bajaron las montañas.  Claro, no es fácil que dé cosecha una tierra cuando se acaba de cultivarla, y bajar las montañas.  Casi en ocho o nueve años da la primera cosecha buena, entonces, la poca tierra que mis padres pudieron cultivar en ese tiempo, fue ya después de los ocho años que tuvieron producto de esa pequeña tierra, así es cuando crecieron mis hermanos.  Cinco hermanos mayores y que cuando estábamos en las fincas, yo vi morir todavía a mis dos hermanos mayores, precisamente por la falta de comida, por la desnutrición que, nosotros los indígenas sufrimos.  Muy difícil que una persona llegue a tener los quince años, así con vida.  Mas cuando uno está en pleno crecimiento y que no tiene nada que comer y se mantiene con enfermedades . . . entonces . . . se complica la situación.
     Se quedaron allí.  Lo lindo que veía mi madre eran los árboles, las montañas increíbles.  Mi mamá decía que había veces que se perdían, pues, al salir de la montaña no se ubicaban porque las montañas son bastante grandes y casi no cae rayo de sol debajo de las plantas.  Es muy tupido.  Entonces allí nosotros prácticamente crecimos.  Amamos mucho, mucho a nuestra tierra, a pesar de que caminábamos mucho para llegar hasta la casa de los vecinos.  Poco a poco mis papás llamaron más gente para que hubiera más cultivo y que no sólo eran ellos ya que en la noche bajaban toda clase de animales de la montaña a comer la milpa, a comer el maíz cuando ya está, o a comer el elote.
     Todas las cosas se las comían los animales de la montaña.
     Uno de ellos, que decía mi papá, es el mapache que le dicen.  Además mi mamá empezó a tener sus gallinas, sus animalitos y había bastante espacio pero como mi madre no tenía tiempo para ver sus animales, tenía unas ovejitos, que si se iban al otro lado de las plantas, ya nunca regresaban.  Unas se las comían los animales en el monte o se perdían.  Entonces, empezaron a vivir ahí pero, desgraciadamente, mucho, mucho tiempo tardó para que ellos tuvieron un poquito de cultivo.
     Entonces tenían que bajar a las fincas.
     Esto es lo que contaban mis padres cuando se radicaron allí.  Ya después, cuando nosotros crecimos cuando nos tocaba vivir cuatro o cinco meses en esa aldea, éramos felices porque había grandes ríos que pasaban por la montañita, abajito de la casa.  Nosotros prácticamente no tenemos tiempo como para divertirnos.  Pero, al mismo tiempo, cuando estábamos trabajando era una diversión para nosotros porque nos tocaba quitar los montes pequeños y a mis padres les tocaba cortar los árboles grandes.  Entonces, allí se oían cantos de pájaros, diferentes pájaros que existen.  También muchas culebras.  Y nosotros nos asustábamos mucho, mucho de ese ambiente.  Eramos felices a pesar de que hace también mucho frío porque es montañoso.  Y es un frío húmedo.
     Yo nací en ese lugar.  Mi madre tenía ya cinco hijos, creo yo.  Sí, tenía ya cinco hijos y yo soy la sexta de la familia.  Y mi madre decía que le faltaba todavía un mes para componerse conmigo y estaba trabajado en la finca.  Le faltaban veinte días cuando se trasladó a casa y cuando yo nací, nací únicamente con mi madre, pues.  No estaba mi papá ya que tenía que cumplir el mes en la finca.
     Entonces ya crecí.  Lo que me recuerdo más o menos de mi vida será a partir de los cinco años.  Desde pequeños pues, bajábamos siempre a la finca y cuatro meses estábamos en la pequeña casita que tenemos en el alitplano y los demás meses del resto del año teníamos que estar en la costa, ya sea en la Boca Costa donde hay café o también limpias de café y también en la costa sur donde hay algodón; ése era más que todo el trabajo de nosotros.  O sea las grandes extensiones de tierra que tienen unas cuantas familias donde se produce la cosecha y los productos que se venden al exterior.  Los terratenientes, pues, son los dueños de grandes extensiones de tierra.
     En la finca trabajamos por lo general ocho meses del año y cuatro meses estamos en el altiplano ya que a partir de enero se siembran las cosechas.  Regresamos un mes al altiplano a sembrar nuestro pequeño maíz, frijól.
     Nosotros vivimos más en las montañas, o sea, en las tierras no fértiles, en las tierras que apenas dan maíz, frijól y en las costas se da cualquier cosecha, pues.  Bajamos a las fincas a trabajar durante ocho meses.  Esos ocho meses muchas veces no van seguidos, porque partimos un mes para ir a sembrar al altiplano nuestra pequeña milpa.  Bajamos a la finca minetras que crece la milpa y así cuando se cosecha ya nuestra pequeña milpa regresamos al altiplano.  Pero inmediatamengte se acaba otra vez.  Y nos tenemos que bajar nuevamente a la producción a ganar diner.  Entonces, por lo que cuentan, pues, mis padres, desde hace muchos años, ellos han vivido, una situación muy difícil y muy pobres.

 

   
Preguntas:
   
1. ¿La vida de Rigoberta Menchú es representativo de qué grupo?
2. ¿Por qué tiene dificultad ella con el castellano, o la lengua española?
3. ¿Por qué piensa que su tierra es un paraíso?
4. ¿Por qué perdieron sus padres su casa en el pueblo?  (Sé específico.)
5. Describe la vida del padre y de la abuela de Menchú cuando él era joven.
6. ¿Cuál era la relación de ellos con el "señor" rico?
7. ¿Qué pasa con los indios que no aprenden castellano?
8. Describe las fincas.
9. Después de conseguir una casita en el altiplano, qué ocurrió al padre?
10. Después de casarse los padres de Menchú, ¿qué tuvieron que hacer para establecer su hogar?
11. ¿Cómo era la vida para la familia?  ¿Por qué morían tantos indígenas?
12. ¿Por qué tenían que bajar a las fincas?
   
   
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