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Muerte
del hermanito en la finca. Más sobre la vida en la finca. |
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de Me llamo Rigoberta Menchú
y así me nació la conciencia |
| ". . . los que se han entregado a sembrar maíz
para hacer negocio, dejan la tierra vacía de huesos, porque son los huesos
de los antepasados los que dan el alimento maíz,
y entonces la tierra reclama huesos, y los más blanditos, los de los niños,
se amontonan sobre ella y bajo sus costras negras, para alimentarla." Miguel Angel Asturias, Hombres de maíz |
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| Quince días teníamos de
estar en la finca, cuando se muere uno de mis hermanos de
desnutrición. Mi madre tuvo que faltar días para enterrar a mi
hermanito. Dos de mis hermanitos murieron en la finca. El
primero, que era el mayor, se llamaba Felipe, yo nunca lo vi. Se
murió cuando mi madre empezó a trabajar. Habían fumigado el café,
con el avión como acostumbran hacerlo mientras nosotros trabajamos,
entonces mi hermanito no aguantó el olor de la fumigación y se murió
intoxicado. Del segundo yo sí la vi la muerte. Se llamaba
Nicolás. El se murió cuando yo tenía ocho años. Era el
hermanito más pequeño de todos. Era el niño que llevaba mi mamá en
brazos. Tenía ya dos años. Cuando empezó a llorar y a llorar y
a llorar, no sabía mi mamá qué hacer con él. Porque de hecho, mi
hermanito estaba bien hinchadito del estómago por toda la desnutrición que
tenía. Tenía una pancita bien grande, entonces no sabía mi mamá qué
hacer con él. Y llega un momento en que mi mamá tampoco le daba la
atención porque si no, le quitan el trabajo en la finca. Desde el
primer día que estabamos en la finca,
mi hermanito estaba mal, muy mal. Mi mamá siguió trabajando y
nosotros también. Tardó quince días
mi hermanito. Cuando teníamos quince días en la finca, empieza a
estar en agonía mi hermanito y no sabíamos qué hacer con él. Los
vecinos de nuestra comunidad estábamos divididos, apenas teníamos en la
finca dos de los vecinos, ya que los otros se habían ido a diferentes
fincas. Entonces no estábamos juntos. Y no sabíamos qué hacer
porque estábamos en grupos, pero con gentes de otras comunidades, pero no
podíamos hablar, no hablábamos la misma lengua. Venían de diferentes
lugares. Tampoco sabíamos el español. No nos entendíamos;
necesitábamos ayuda. ¿A quién llamar? No había nadie con quien
contar, y con el caporal menos. Más bien era posible que nos echara
de la finca. Con el patrón tampoco, ni siquiera lo conocíamos al
patrón ya que el patrón actuaba por medio de los intermedios, que son los
caporales y los contratistas y etcétera. Entonces nunca veíamos al
patrón. Y así fue cuando se necesitaba que se ayudara a mi madre
para enterrar a mi hermanito y no podíamos hablarnos con toda la gente, no
podía comunicarme y mi madre estaba muy destrozada de ver el cadáver de mi
hermanito. Pero sí me recuerdo que en ese tiempo sólo por señas nos
entendíamos con la gente. La mayor parte de la gente tiene esas
mismas experiencias; se ven un día
clavados en una situación de esas, en que nadie de fuera les ayuda y que
mutuamente nos debemos ayudar. Pero es muy difícil, porque incluso,
yo me recuerdo que quería tener amigos, amiguitas entre los que
convivíamos en una sola galera . . . trescientas . . . cuatrocientas
gentes; trabajadores en la finca, pero, no podíamos relacionarnos. Una galera es una casa, un ranchito donde nos meten a todos los trabajadores. Digo galera pues sólo tiene techo de hojas de palma, hojas de plátano de la finca. Pero no tiene paredes sino que es abierta. Allí viven los trabajadores junto con sus animalitos; los perros, los gatos, todo lo que llevan del altiplano y es un lugar donde no hay límite, pues, nos meten en cualquier lugar y nos dormimos con cualquier gente, así es en las costas. Es una sola casa que se supone para cuatrocientas, quinientas personas. No podíamos relacionarnos. Bueno, también limitaba nuestra relación el trabajo, pues, ya que nos levantábamos y desde las tres de la mañana, empezábamos a trabajar. Peor si es en corte de algodón ya que el algodón no abunda en peso, abunda en cantidad. Entonces, tempranito está muy fresco el tiempo y al mediodía es igual que si nos estuvieran metiendo en un horno, hace mucho, mucho calor y eso hace porque desde la mañana estamos metidos en el trabajo. A mediodía comemos un rato, y sólo pasa el mediodía, y empezamos a trabajar otra vez hasta la noche. Entonces, no teníamos mucho tiempo, para relacionarnos a pesar de que pertenecemos a una comunidad. Eso es lo que nos duele mucho, a los indígenas, porque cuando estamos juntos, pues, precisamente estamos en una comunidad del mismo lugar, pero cuando nos movilizamos en las fincas nos encontramos con indígenas --ya que todos los trabajadores que están en las costas, en cortes de café, ya sean estables en las fincas, o que emigran a las fincas, son indígenas-- pero que son de otras etnias y hablan otras lenguas. Eso es muy difícil para nosotros porque las barreras idiomáticas no permiten el diálogo entre nosotros mismos, los indígenas. Sólo entendemos a la gente de nuestra etnia o de nuestro grupo, pues, no hablamos el castellano y tampoco hablamos otras lenguas entonces, eso precisamente, por más que uno quisiera acercarse de otro grupo de gente, no permite, pues, el diálogo. Y, únicamente, lo que hacíamos en las fincas es seguir celebrando nuestras costumbres y todo, pero no nos entendemos. Es igual que si estuviéramos hablando con una gente extranjera. El niño murió en la madrugada. No sabíamos qué hacer. Los dos vecinos se preocuparon de ayudar a mi madre pero no sabían nada que hacer con él. Dónde enterrarlo ni cómo. Entonces el caporal le dijo que podía enterrar a mi hermanito en la finca pero tenía que pagar impuesto donde se va a quedar enterrado. Entonces mi mamá decía: pero yo no tengo nada de dinero. Entonces dijo el señor: no, es que usted ya debe mucho. Debe medicinas, debe esto, y ahora, llévenselo su cadáver, pues, y que se vayan, pues. Entonces, nosotros no sabíamos qué hacer. Llevar el cadáver no era posible, hasta el altiplano. Inmediatamente el niño empieza a tener malos olores por el húmedo, por el calor de la costa. Entonces toda la gente que vivían ahí en la galera, todos ya no querían que el cadáver de mi hermanito estuviera ahí porque también dañaba a toda la gente con un ambiente muy feo. Entonces mi mamá se decidió, aunque tenga que trabajar un mes sin ganar, pero tenía que comprarle o pagarle impuesto al terrateniente, al caporal, para que se entierre a mi hermano en la finca. De pura forma de amable o de ayuda de la misma gente donde vivíamos, uno de los señores llevaba una caja así como valija. Entonces metimos a mi hermanito en eso y se llevó a enterrarlo. Después de eso, prácticamente perdimos un día de no trabajar, viendo a mi hermanito. Que todos estábamos tristes por él. Entonces el caporal en la noche nos dijo, mañana se van de aquí. ¿Y por qué?, decía mi mamá. Porque ustedes no trabajaron un día y este día se van y no van a recibir ningún sueldo ni ningún pago así es que, mañana, por favor, no las quiero ver aquí. Entonces mi mamá se ponía bastante mal . . . y no sabía qué hacer, pues. Y no sabía como encontrar a mi papá. Mi papá estaba en otro lugar. Tuvimos que aceptar que nos íbamos, entonces mi mamá empezó a arreglar sus cosas. Pero cuando la expulsan a uno de la finca, no lo llevan de regreso como siempre. Cada vez cuando llega el tiempo que uno regresa al altiplano, los mismos contratistas lo develven a uno al pueblo, de modo que uno no tiene preocupación, como va a llegar, qué transporte va a tomar, dónde está ubicado. Nosotros no nos dábamos cuenta ni dónde estábamos ubicados, pues, no sabíamos ni en qué pueblo estábamos. Y entonces, los vecinos dijeron: las vamos a acompañar; aunque nosotros también tengamos que perder el trabajo. Uno de los vecinos le prestó a mi mamá --además ella tenía como cuatro meses de estar en la finca, entonces tenía acumulado un poquito de dinero-- para pagar el impuesto del entierro. Lo que habíamos trabajado quince días, no nos pagaron. Y que no sólo éramos yo y mi mamá. Que teníamos también un hermano, que también trabajó quince días y que no los pagaron. Entonces dijo el señor, no, es que ya tienen mucho que deber aquí en la farmacia entonces, ahora, se van, pues, no los quiero ver aquí. Y que mi mamá estuvo consciente de que ni siquiera pudo comprar medicinas para su hijo. Y que se murió por eso. La lástima es que no sabíamos hablar el español y el caporal hablaba lengua porque era un indígena de la misma región y que nos echó y dijo que ya no nos quería ver allí. Es mando del patrón. Entonces nos fuimos, llegamos a la casa en el altiplano. Estaba mi mamá muy triste y el hermano que iba con nosotros. Mi papá no sabía nada que se murió el niño. Ni mis otros hermanos, porque trabajaban en otra finca. Después de quince días, llegaron a la casa, el altiplano con toda la sorpresa de que el niño había muerto, que teníamos una deuda bastante grande. Gracias a mis hermanos y a mi padre que habían ganado en las otras fincas, llevaban un poco de dinero y se arreglaron con el vecino y el vecino también regaló lo que tenía que regalarle al muerto. Entonces así nos ayudaron; la comunidad y todos, ya en casa. Desde ese entonces yo tenía, no sé, una rabia y un miedo a la vida porque decía igual me va a tocar una vida como ésta, con muchos hijos y después se mueren. Y no es fácil para una madre que vea a un hijo agonizándose y que no tiene nada como para curarlo o como hacer que ese niño viva más. Esos quince días de trabajo me recuerdo que es una de las primeras experiencias que yo tengo y es una de las cosas que yo odio en la vida . . . que ese odio pues nunca se me ha borrado hasta ahora. Bajamos nuevamente a la finca. Navidad es el último mes que pasamos en la finca. Enero se empieza el tgrabajo del cultivo de la tierra en el altiplano. Enero, febrero, se siembra. Marazo, regresamos nuevamente a la finca para ganar el dinero que se va a gastar en la milpa. Después regresamos nuevamente a cultivar nuestra milpa. Y cuando pasa el primer trabajo de la milpa, regresamos a la finca para ir a seguir ganando de lo que comemos. Cuando tenía nueve años fue cuando me subieron mi sueldo, ya que en ese tiempo hacía unas cuarenta libras de corte de café. De corte de algodón era muy poca todavía, ya que abundaba mucho en cantidad pero no en peso . . . Hay una oficina donde se acumulan todos los trabajos, cuando uno entrega su trabajo, lo pesan y lo anotan para llevar su control. Pero últimamente, mis hermanos por tan listos que son, han logrado ver que todos esos pesos engañaban . . . Engañaban todos los pesos del trabajo. Tienen trucos para que pese menos y es más la cantidad que hay. Entonces, eso pasa en todos los lugares. Eso es más que todo una maniobra de los señores que controlan a los trabajadores. Cuando reciben al trabajdor es cuando roban muchas libras de café. Incluso se acumula para otra gran cantidad, y que ellos puedan entregar más y que les paguen más a ellos. Entonces, todo esto es un proceso, pues, desde la salaida de los pueblos donde los contratistas contratan a la gente como a cualquier animal, desde que los meten en el camión, les empiezan a robar su sueldo. Les cobran dinero por cualquier cosa, por cualquier mano que echan para subir cosas al camión o lo que sea. Y van a la finca, desde el primer día, los mismos señores que controlan, empiezan a robar al trabajador. Y hasta el último día, hastan en la cantina, en todo lo roban al trabajador. De modo que hemos tenido duras experiencias en que llegamos a casa sin ningún centavo. Allí, el café es por tarea pero el algodón tienen otro método para pesarlo. Por ejemplo, si se hace setenta y cinco libras de algodón al día, de acuerdo con las libras se paga. pero el café es por tarea. Tienes quer hacer un quintal al día forzosamente y si no puedes, te descuentan todo esto y al día siguiente tienes que completar el quintal para empezar el otro. En mi caso, cuando empecé a trabajar se me propupso hacer la tercera parte de la tarea de un adulto. Entonces, era treinta y cinco libras. Pero había días que podía hacer sólo unas veintiocho libras de café, entonces, al siguiente día, tengo que trabajar en la misma tarea del día anterior. Y así es cuando se van retrasando, retrasando, retrasando hasta llegar un tiempo en que hay que disponer quizá de dos días para completar la tarea. El algodón es otra situación porque es bastanate difícil. Es el trabajo más peor cuando es segunda mano, ya que primera mano es cuando está bien en flores bien acumulado pero cuando es segunda mano, hay que escogerlo entre las ramas el algodón que se queda atrasado. Entonces es más duro el trabajo y se paga igual. |
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| Preguntas: | |
| 1. | ¿De qué murió el hermano mayor, Felip? |
| 2. | ¿De qué murió el hermanito menor? |
| 3. | ¿Por qué no podía cuidarse bien la mamá del hermanito? |
| 4. | ¿Por qué no podía ayudarles los otros indígenas que estaban en la finca? |
| 5. | Describe una galera. |
| 6. | Describe el día laboral. |
| 7. | Describe, en detalle, lo que ocurrió cuando murió el hermanito. |
| 8. | ¿Cuál era el problema para la madre cuando tuvo que salir de la finca? |
| 9. | ¿Cuál era la reacción de Rigoberta a este episodio en su vida? |
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