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Principales
desafíos ambientales en América Latina y el Caribe Por Alicia Bárcena Ponencia presentada al Seminario Internacional CENMA, "Experiencia Latinoamericana en manejo ambiental", Santiago, Chile 30-31 Marzo del 2000. Versión editada Lo ambiental
emerge en el contexto de la globalización como una dimensión
reorientadora del desarrollo que califica el crecimiento económico al
remitirse a los fundamentos mismos de la producción y el consumo. De
esta manera, el desarrollo sostenible se apoya en el reconocimiento de
la función que cumple el medio ambiente y los recursos naturales como
base de sustentación material, ecosistémica, ambiental y energética
de los procesos económicos. El desarrollo
sostenible debe convertirse en el pilar de la transición de la
modernidad hacia una posmodernidad caracterizada por cambios en los
modos de producción y consumo acompañados de la innovación tecnológica
con fundamentos de sostenibilidad ambiental, por lograr la
competitividad económica a partir de la excelencia ambiental, por la
valoración de la diversidad natural y cultural, por el fortalecimiento
de lo local y por la democracia con ciudadanía potenciada por los
avances en la comunicación. Al final de esta década,
es claro que a los problemas tradicionales de pobreza y desigualdad, se
añaden los límites y requisitos ecológicos así como la necesidad de
revertir los procesos de deterioro ambiental para lograr un desarrollo
sostenible y equitativo en el próximo siglo dentro de un complejo
contexto de globalización económica. En el ámbito nacional es urgente
superar la degradación de la calidad del agua, del suelo y del aire,
especialmente en las zonas urbanas que hoy albergan a más de tres
cuartas partes de la población de la región y detener los procesos de
desertificación y pérdidas de biodiversidad y de suelo para garantizar
la sostenibilidad de la producción agropecuaria, minera y forestal. Se
han alcanzado umbrales riesgosos en la explotación de los recursos
naturales que requieren un cambio de rumbo ya que se han incrementado
las actividades productivas exponencialmente frente a una dotación
limitada de recursos ecológicos. Los nuevos desafíos
ambientales globales, tales como el efecto invernadero, la destrucción
de la capa de ozono, la degradación ambiental de cuencas, áreas
costeras y océanos, la desertificación aunada a la pérdida de
superficie arable, así como las crecientes tasas de extinción de
especies de fauna y flora, entre otros, son una muestra de la
insostenibilidad del estilo actual de desarrollo, poniendo también en
tela de juicio los propios patrones culturales y valóricos de relación
entre seres humanos y naturaleza. América Latina y
el Caribe presentan condiciones ecológicas, económicas y sociales que
le proveen de innumerables ventajas comparativas en función de los
servicios ambientales globales para ser más competitivos en el contexto
de la globalización. Su enorme diversidad natural y cultural y los
enfoques innovadores de integración regional logrados en algunas
subregiones como Centroamérica son ejemplos relevantes de esta situación
privilegiada. La reinterpretación
de la globalización a partir de nuevos fundamentos ético-políticos
que emanan del desarrollo sostenible, la convergencia entre crecimiento
económico, equidad y sostenibilidad ambiental, la redefinición de las
ventajas comparativas de la región en función de la agenda global
ambiental, la reestructuración de los espacios regionales y
subregionales a partir de la sostenibilidad y la necesidad de una
ciudadanía más solidaria, reflexiva y activa en materia ambiental que
sea capaz de construir un nuevo pacto social en torno al desarrollo
sostenible, son, por lo tanto, cuestiones esenciales que demandan
respuestas por parte de la región en esta nueva etapa. En la medida que
los países de América Latina y el Caribe buscan una mayor y mejor
inserción en el comercio internacional y que su patrón de
especialización productiva siga las tendencias descritas, ello implicará
mayores inversiones en servicios, tecnologías y sistemas de gestión
ambiental.
Así
como también cambios que la región deberá introducir
en sus prácticas productivas y regímenes ambientales para estar acorde
con las exigencias que provienen de los mercados internacionales y
proteger la continuidad misma de su base productiva evitando una tasa de
explotación de sus recursos ambientales mayor que su ritmo natural de
regeneración. América Latina y
el Caribe es la región del planeta con mayor riqueza en biodiversidad.
El tema de biodiversidad da lugar a un aspecto fundamental del
desarrollo sostenible que es el respeto y valoración del pluralismo
cultural. La apropiación de los beneficios de las aplicaciones
comerciales de las nuevas biotecnologías es un tema emergente de gran
importancia ecológica, económica y social que plantea grandes
interrogantes. El reconocimiento del papel de los agricultores en el
desarrollo y conservación de esta biodiversidad se conoce como derechos
del agricultor y no forman parte de los derechos de propiedad de las
innovaciones vegetales. En relación con
el tema de cambio climático, datos aportados por la comunidad científica
demuestran que la actividad económica es responsible del cambio
observado en la composición de la atmósfera en su contenido de los
gases que causan el efecto invernadero. Por ejemplo la concentración de
dióxido de carbono (CO2 ) en la atmósfera casi se ha duplicado en
relación al nivel prevaleciente antes de la revolución industrial a
comienzos del siglo pasado. Estabilizar la composición de la atmósfera
requiere reestablecer el equilibrio entre emisiones de carbono anuales y
la capacidad de absorción de los ecosistemas que pueden actuar como
sumideros de carbono durante el mismo periodo (crecimiento de biomasa
vegetal y dilución en océanos). La región se encuentra ante la
oportunidad de participar en este mercado a través de proyectos que
disminuyan las emisiones de carbono optando por fuentes de energía más
eficientes y de ser posible alternas (energía eólica, solar o hidráulica)
o bien a partir de mantener y/o enriquecer ecosistemas con alta
capacidad de absorción de carbono, contando con el apoyo tecnológico y
financiero de parte de los países industrializados para lograr esta
transición. Se hace urgente que la región se prepare para participar
en este mercado potencial y a la vez que desarrolle estrategias
conjuntas que le permitan a la región precios competitivos ante estas
perspectivas de intercambio de emisiones de carbono. Dentro del marco
del Protocolo de Kyoto, la negociación del Mecanismo de Desarrollo
Limpio (MDL) permitiría, así, a los países de la región tener
mejores oportunidades para comercializar servicios ambientales globales
asociados a la reducción/mitigación de emisiones de carbono. Los temas de
sostenibilidad ambiental ocupan todavía un papel secundario y la
inversión pública y privada así como la voluntad política para
resolver conflictos ambientales en la práctica son totalmente
insuficientes para superar el déficit que existe frente a los niveles
de deterioro ambiental y degradación de recursos naturales. Esto se
refleja en la enorme fragilidad e inestabilidad de las instituciones
ambientales creadas por el Poder Ejecutivo, que están sujetas a cambios
constantes de acuerdo con las administraciones y tendencias políticas
de cada país. Es interesante
apreciar que, en otros casos, las restricciones al establecimiento de
precios ambientalmente correctos proviene del mercado mundial. Un caso
notorio es el del turismo: la competencia externa establece en este caso
precios que pueden ser insuficientes para financiar las actividades que
permiten la sostenibilidad ambiental de este servicio, cuyo costo puede
ser no despreciable, especialmente en los pequeños países insulares.
No se puede descartar, además, que la competencia internacional ha
reducido las regalías mineras a niveles excesivamente bajos. Por lo demás,
uno y otro caso involucran, no solo problemas de eficiencia, sino también
distributivos, que solo tienen una resolución adecuada en normativas
internacionales. Este tipo de problema no es, por supuesto, ajeno a los
propios países industrializados, como lo atestiguan muy especialmente
las complejas negociaciones sobre emisiones de carbono. El establecimiento
de subsidios explícitos a actividades ambientalmente positivas tiene
también desarrollos exitosos. Un ejemplo ha sido el desarrollo, bajo el
liderazgo chileno, de incentivos forestales, de exenciones del impuesto
de renta a la reforestación y de aranceles a equipos con tecnología
limpia. En el caso de los incentivos forestales, la extensión de dicho
beneficio de incentivos forestales para ciertas actividades de
conservación del bosque nativo que hizo Colombia en 1997, o el sistema
que introdujo Costa Rica en 1996 y Guatemala más recientemente de pagar
por los servicios ambientales del bosque, son avances importantes. El último
puede ser, de hecho, el primer ensayo de pago directo de servicios
ambientales. En conclusión, la
cultura ambiental con profundas bases ciudadanas enriquece las
perspectivas de la transición democrática, planteando no sólo nuevos
derechos humanos vinculados con el desarrollo sostenible sino un
proyecto de democracia social que articule las demandas y aspiraciones
de la sociedad en un torno a un proyecto político plural. La
profundización de la democracia y de los procesos de concertación
social se erigen como condiciones necesarias para lograr trayectorias de
desarrollo sostenible que demandan una gran transectorialidad y
construcción de consensos en las políticas públicas en todos los ámbitos
(macroeconómico, comercial, industrial, agrícola, energético, de
ordenación del territorio, educación y salud entre otros). Por su
parte, el desarrollo sostenible tiene un enorme potencial para
convertirse en el proyecto fundamental de un Estado más moderno con
profundas bases ciudadanas. El gran desafío en cada país sigue siendo
que la sociedad y los gobiernos logren valorar e interpretar políticamente
la transformación estructural que conlleva el desarrollo sostenible.
Esta transición requiere la construcción de una visión común de
largo plazo y un marco de políticas públicas que logre movilizar las
acciones de los principales actores sociales y económicos hacia el
logro de los objetivos que implica la sostenibilidad en sus dimensiones
económicas, ecológicas, de gobernabilidad y de integración plena de
la ciudadanía. Preguntas: (contesta usando sus propias palabras) 0. ¿Qué
es el desarrollo sostenible?
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